El 1 de Octubre del año 1988, luego de vivir dos meses en la
clandestinidad, fui apresado por la Policía Stronista durante una manifestación
a favor de la Democracia realizada en la Plaza Juan E. O’leary, al costado del Panteón
Nacional de los Héroes.
Era una hermosa mañana de un día sábado, varios turistas “Palmeaban” en la principal arteria de nuestra Capital cuando un enjambre de Policías se turnaban en patear y gritar improperios contra un joven de 18 años, luego en estado de inconsciencia me arrastraron como a un animal, lanzando con violencia al interior de “la caperucita”, los 45 kilos de un cuerpo masajeado a cachiporrazos.
Con un terrible dolor y a baldazos de agua desperté en la
Comisaria tercera, en donde fui introducido en una celda de doble reja
destinada por entonces a los presos de mayor peligrosidad, y por orden y
bajo la mirara de los Policías fui brutalmente agredido por los reos recluidos
en esa Comisaria.
El trato que me dieron fue Humillante, cobarde y
despiadadamente violento, en un momento dado pensé que me matarían.
Horas después me trasladaron al Cuartel Central de Policía
donde fui interrogado por el temido y
temible Comisario Alberto Cantero.
Al caer la tarde los Policías iban a mi celda a decirme que a la media noche vendrían a buscarme para ser “pileteado”; a medida que se acercaba la hora marcada me volvía un animal, aparte de torturar a los presos, la policía tenía el hobby de aterrorizar y sentía placer al intentar quebrar psicológicamente a quienes por desgracia caían en sus manos.
Desde el “Cuartel Central” fui trasladado a la Guardia de
Seguridad o Agrupación Especial en donde me introdujeron al tristemente célebre
“Placard”.
Semanas después, me “Liberaron”.
Mi caso fue publicado en el libro “El ocaso de un
sistema-encrucijada en Paraguay” de Virginia M. Bouvier, Funcionaria del
Departamento de Estado de los EEUU, publicado en la Revista Oeste de Brasil y
tratado en la Asamblea Mundial de los Derechos Humanos realizado ese año en el
Salvador.
Varios Ypacaraienses y Miles de Paraguayos sufrimos en carne
propia la cobarde Tiranía de Alfredo Stroessner.
Lo que el Déspota nos hizo fue un poquito más grave que “QUITARNOS
LA NOVIA”.
Ojala que se haya tratado solo de eso, pero el Hijo de Puta
de Stroessner se ensaño contra nosotros.
“Lealtad, pero no obediencia…”, búsquense otro Embajador, como
Paraguayo no me siento representado por el tristemente célebre apellido
Stroessner.
